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[VIDEO – ENTREVISTA] LA ACADEMIA MEXICANA DE PEDIATRÍA TRABAJA EN LA INICIATIVA PROLACTANCIA PARA UN MAYOR PERMISO LABORAL PARA FAVORECER LA LACTANCIA MATERNA EXCLUSIVA

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El Acad. Dr. Arturo Perea Martínez, Presidente de nuestra Academia, y Sonia López Castro miembro de la Iniciativa Pro Lactancia Materna, hablaronen entrevista para FOROtv sobre los beneficios que puede generar el ampliar de 12 a 18 semanas el periodo…

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El día de hoy el Acad. Dr. Silvestre Frenk Freud dio un discurso en la ceremonia In Memoriam al Dr. Lázaro Benavides de la Academia Nacional de Medicina, aquí les dejamos sus palabras:

IN MEMORIAM LÁZARO BENAVIDES

“Tiempo atrás, Don Lázaro dio fin a alguna entrevista, como sigue: “A los jóvenes que quieren estudiar pediatría; ¡los felicito!

Los felicito porque van a ingresar a un campo de una gran belleza académica, de enorme sentido humanístico y de actividad científica extraordinaria. El médico nunca deja de estudiar, no puede dejar de estudiar, porque la medicina va evolucionando. La pediatría es un campo médico especialmente bello, que no debe ser abandonado, sino que debe seguir siendo objeto de una mística reverencia de estudio, de trabajo, de vocación profesional”.

Discreta síntesis del credo profesional de quien para entonces era el ya quizás único sobreviviente de aquella pléyade de visionarios que, magistralmente dirigidos por Federico Gómez Santos, dieron vida al ilustre Hospital Infantil de México, y así, gravitando yo un tanto hacia la hipérbole, al principio y a los principios que vienen sustentando a la moderna Escuela Mexicana de Pediatría.

En tal sentido apuntaba ya el impresionante rendimiento escolar del joven Lázaro, que así lo mantuvo durante su desempeño en la Escuela Médico Militar, y que por añadidura, posiblemente expliquen la excepcional popularidad de que gozó el “Chavi” Benavides durante aquellos años. Pero además, según su propio y reiterado decir, fue allí la cátedra de Federico Gómez Santos la que en definitiva lo convenció e inclinó a ser pediatra, una vez cumplidos los rigores iniciales de toda carrera militar.

A este propósito, acude a mi memoria un temprano artículo de Lázaro, en el cual relata cómo, cuándo de servicio en el poblado de El Salto, en lo alto de la escarpada sierra duranguense, las únicas noticias que acerca de su recién nacido hijo primogénito él tenía, eran las dulces palabras que su joven esposa Ofelia, le hacá llegar en telegramas o en cartas. Allí, durante una oscura y lluviosa noche, en poderoso automóvil llegó un personaje cercano a Federico Gómez, para directamente notificar al doctor Benavides que su solicitud para pertenecer al naciente Hospital Infantil de México, había sido debidamente aceptada. Y así, con el obligado permiso de la superioridad militar, vino el joven Lázaro a formar parte de la primera generación, la de los médicos internos fundadores del Hospital Infantil de México, a partir del tan histórico y bien celebrado día 30 de abril de 1943.

Al rápido paso del tiempo, en esa ilustre casa, el doctor Benavides se desempeñó con las sucesivas responsabilidades de subresidente, de residente y de jefe de residentes. Cumplida así la secuencia institucional del adiestramiento en servicio, culminó Lázaro en Chicago su habilitación como infectólogo pediatra, además de haber sido reconocido allí como el estudiante más destacado en veinte años. Así pronto asumiría Lázaro la jefatura de un servicio de Infectología del Hospital y más tarde, la de la trascendente misión de divulgación científica, la de su Oficina Editorial. Años después vendría su perfeccionamiento académico para obtener el grado de Maestro en Salud Pública en la Universidad Tulane, en Nueva Orleans, de nueva cuenta galardonado como el mejor estudiante de ese curso. En el año 1953, o sea al cumplir el Hospital Infantil de México su primer decenio de fructífera existencia, aniversario que por cierto fue celebrado con un histórico Congreso conmemorativo, el Maestro (“Profesor” lo nombrarían correctamente en otras latitudes) Federico Gómez invitó a Lázaro Benavides a asumir el importantísimo cargo de Subdirector del Hospital., La encomienda llevaba un muy particular sello: el requerimiento de que el cargo fuese a tiempo exclusivo. Tal y como diez años antes, caso único ese por cierto entre los “tres grandes” de aquellos tiempos, había puesto el ejemplo el propio

Federico Gómez, prescindiría Benavides de su ya para entonces abundante y fiel clientela particular. Aceptado este de ninguna manera sacrificio menor, en los diversos órdenes de la vida, casi durante veinte años se desempeñaría el Maestro Benavides en tan importante como demandante cargo. Pudo el así imprimir el peso de sus vastos conocimientos y de su propio excepcional sentido de responsabilidad, al funcionamiento de la gran institución, ciertamente con saludable rigor y disciplina, pero dulcificados por la elevada misión del Hospital y el acento emotivo que imponía tan alta responsabilidad. En simbiosis con el espíritu y la acción de Federico Gómez, Lázaro Benavides habría de conferir a la vida del Hospital Infantil, ese sello característico que tanto contribuyó a su justa fama, la nacional y la internacional, en particular entre los hermanos países iberoparlantes. En su vertiente doctrinaria, surge la clara visión de lo que vino a ser llamarlo “criterio pediátrico”, que claramente formulado por el Maestro Benavides, viene ya rebasando los linderos conceptuales de las etapas en que ocurren crecimiento y desarrollo, de modo que actualmente se le aplica inclusive ya a una visión más nítida ni más ni menos que del proceso del humano envejecimiento.

En el año 1964 ingresó el doctor Benavides a la Academia Nacional de Medicina. Había para entonces presidido a la Sociedad Mexicana de Pediatría, la Asociación de Investigación en Pediatría y varias otras agrupaciones académicas. Participa en la creación de Consejo Mexicano de Certificación en Pediatría, y lo preside en el año 1983. Más recientemente, la Academia Mexicana de Pediatría, a la cual pertenecía desde el año 1955, lo designaría Presidente Honorario Vitalicio.

Al paso de aquellos años, números crecientes de jóvenes colegas en pos de ponerse al servicio de la salud de la niñez, para ello y de manera excelente se adiestraban en el Hospital Infantil de México. Uno de los resultados culminantes del excepcional, internacional prestigio de Lázaro Benavides fue la encomienda de organizar, en cercana secuencia temporal, dos acontecimientos profesionales de altísima importancia y de muy alta trascendencia: científica y profesional. A saber, el VIII Congreso Panamericano, I Latinoamericano y XI Mexicano de Pediatría en el año 1966; y poco después, el XII Congreso Internacional de Pediatría, en el por conocido motivo tan traumático año 1968. No me resigno a dejar de declarar aquí que haber sido seleccionado por Lázaro Benavides para servir como secretario del primero de estos Congresos, y junto con Jesús Kumate, vicepresidente y además también con funciones secretariales, amén de constituir para mi un altísimo honor, representan una de las etapas más relevantes de toda mi vida académica. No resulta por demás recordar que este Congreso Mundial de Pediatría, con todo y las muy graves dificultades sociales y políticas que ensombrecieron a aquella hora, fue durante lustros considerado por el mundo pediátrico como el mejor organizado y más concurrido de que se tuviera memoria. No solo en lo tocante a las disciplinas propiamente pediátricas, sino también por lo que ve a su vertientes culturales. Comprensible, porque los Benavides eran lo que conoce como “gente de cultura”. Recuerdo cómo durante sus casi anuales largos viajes por carretera a Piedras Negras, con el noble propósito de visitar a quienes de su extensa familia habían permanecido allí, Lázaro y Ofelia, tan destacada escritora como era ella, se alternaban en el manejo de su automóvil, en tanto que quien descansaba de tal cometido, leía en voz alta capítulos de literatura excelsa como la de Marcel Proust o selectos autores contemporáneos.

La extensísima, casi inimaginablemente vasta experiencia forjada en Benavides durante tan largo periodo en el Hospital Infantil de México había dado pie firme a una novedosa visión acerca de la atención institucional del los niños de México, y para plasmarla, Lázaro se apoyó en algunos de las testas coronadas del pensar y del actuar pediátricos. Consecuentemente, a mediados de los años sesenta se perfiló hasta surgir, una respuesta positiva a la permanente esperanza de que el para entonces ya venerable Hospital Infantil de México pudiera disponer, por fin, de instalaciones apropiadas y abandonar para siempre las inadecuadas que, a título de provisionales, venía ocupando a consecuencia de las heridas mortales que al hermoso edificio original, el de los “dientes de peine”, le había infligido el nefasto telúrico sismo de julio de 1957.

Quedó Lázaro Benavides como ejecutor del correspondiente proyecto, al frente de un selecto grupo de mentes creativas, la mayoría de ellas procedente del propio Hospital y contando como arquitecto con el genio creador de Pedro Ramírez Vázquez. Así, en el mes de noviembre del año 1970, abriría sus puertas un nuevo hospital para niños de la ciudad capital, con Lázaro como su Director Fundador, aunque no como la nueva casa que se ansiaba para el Hospital Infantil de todo México. Su gestión fue inmensamente productiva, aunque demasiado breve, merced a decisiones políticas, eufemísticamente así calificadas.

Todavía dedicaría Benavides, durante largos años, su talento y espíritu innovador a la comunidad, en particular a la universitaria, en su calidad de Director de Servicio Médicos de nuestra Universidad Nacional. Honores públicos de variada índole se le rindieron, entre los que destacan los brindados por Coahuila, su Estado natal y de Doña Ofelia, y en la ciudad de “Blackstones”, como él solía nombrar a la de Piedras Negras.

Conservó siempre sus capacidades, entre ellas, la de seguir aprendiendo. Así a los 80 años de edad, Lázaro tomó un curso nada menos que de bioética. Nunca perdió su vivacidad, ni su enérgico timbre de su voz, matizado con el típico acento norteño, ni su temple, ni su capacidad de ir sorteando los requerimientos emotivos del privilegio de ser tan longevo, con su inevitable consecuencia, el tener que sobrevivir a seres inmensamente amados. Capacidad no sólo de orden sentimental; también del físico. Como también lo fue el afortunado hecho de salir casi indemne de un atropellamiento vial. No se tome como menosprecio al caveat de abstenerse de malabarismos nominales, si digo: “Lázaro, bien avedes cumplido con la magna misión que en esta tierra te fuera conferida”.

Muchas gracias por su amable atención.”

– Dr. Silvestre Frenk Freud

MENSAJE DEL ACAD. DR. MANUEL BAEZA BACAB A NOMBRE DE LOS NUEVOS SOCIOS DURANTE LA SESIÓN SOLEMNE DEL ANIVERSARIO DEL LXXXIII AÑO ACADÉMICO DE LA ACADEMIA MEXICANA DE CIRUGÍA.

MENSAJE DEL ACAD. DR. MANUEL BAEZA BACAB A NOMBRE DE LOS NUEVOS SOCIOS DURANTE LA SESIÓN SOLEMNE DEL ANIVERSARIO DEL LXXXIII AÑO ACADÉMICO DE LA ACADEMIA MEXICANA DE CIRUGÍA.

Distinguido Académico Dr. José Narro Robles, Secretario de Salud Federal. Distinguido Académico Dr. Francisco Navarro Reynoso, Presidente de la AMC. Distinguido Académico Dr. Enrique Graue Wiechers, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Distinguido Académico Dr. Jesús Tapia Jurado,…

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