Academia Mexicana de Pediatría

Convocatoria Admisión de nuevos miembros 2009
Premio Nacional de Inv. Pediátrica 2008 Premio Dr. Rafael Soto Allande 2009 Premio Dr. Mario A. Torroella 2009

Bibliografía de interés

 

 

Cuidado intensivo para la prematurez extrema. Mas allá de la edad gestacional...

Cuidado intensivo para la prematurez extrema. Mas allá de la edad gestacional Tyson JE, Parikh NA, Langer JCh, Green C, Higgins RD. N Engl J Med 2008;358:1672-81.

, Las decisiones sobre cuidados intensivos en prematuros extremos están basadas en la edad gestacional. Sin embargo, hay otros factores que pueden afectar el pronóstico de estos pacientes.

Métodos .Estudiamos prospectivamente una cohorte de 4.446 niños nacidos entre las 22 y 25 semanas de gestación (determinada en base a la mejor estimación obstétrica) en la Red de Investigación Neonatal del Instituto Nacional para la Salud Infantil y el Desarrollo Humano de EE.UU., para relacionar los factores de riesgo medibles antes o durante el nacimiento con la probabilidad de supervivencia, supervivencia sin trastorno profundo del neurodesarrollo, y supervivencia sin ningún trastorno del neurodesarrollo, a una edad corregida de 18 a 22 meses.

Resultados De los niños estudiados, 3.702 (83%) recibieron cuidados intensivos en la forma de asistencia respiratoria mecánica. Entre los 4.192 (94%) niños incluidos cuya evolución se determinó a los 18 a 22 meses, el 49% murió, el 61% murió o tuvo trastornos profundos, y 73% murió o tuvo algún trastorno. En el análisis multivariado de los niños que recibieron cuidados intensivos, la exposición a corticoesteroides antenatales, el sexo femenino, el nacimiento único y un mayor peso de nacimiento (por cada 100 g de aumento) estuvieron asociados con disminución en el riesgo de muerte y en el riesgo de muerte o trastorno profundo o de cualquier tipo en el neurodesarrollo; estos descensos fueron similares a los asociados con el aumento de 1 semana en la edad gestacional. Con la misma posibilidad estimada de evolución favorable, las niñas tuvieron menos probabilidad que los varones de recibir cuidados intensivos. Las variables de resultado de los niños que estuvieron en asistencia respiratoria, fueron mejor predichas teniendo en cuenta los factores arriba mencionados que con el uso aislado de la edad gestacional.

Conclusiones. La posibilidad de resultados favorables con cuidados intensivos puede estimarse mejor teniendo en cuenta cuatro factores, además de la edad gestacional: sexo, exposición o no a corticoesteroides antenatales, nacimiento simple o múltiple y peso de nacimiento.






Gripe porcina en seres humanos en EEUU, 2005-2009

Shinde V, Bridges CB, Uyek TM, et al Gripe porcina en seres humanos en EEUU, 2005-2009.N Engl J Med 2009;361.

Descripción de 11 casos de infección por el virus Influenza A (H1) Se describen las características clínicas y epidemiológicas de los primeros 11 casos de infección por la triple mezcla recombinante de virus de la gripe A (H1) confirmada por laboratorio.

Antecedentes. El virus porcino (A H1) con triple recombinación con genes de virus aviar, humano y de la gripe porcina –apareció y se convirtió en enzootia entre los rebaños de cerdos en América del Norte durante el decenio de 1990.

Métodos. Presentamos las características clínicas de los primeros 11 casos esporádicos de infección de seres humanos con este tipo de virus referidos por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, producidas de diciembre de 2005 hasta febrero de 2009, justo antes de la actual epidemia de origen porcino A (H1N1) entre los seres humanos. Estos datos se obtuvieron a partir de los informes nacionales de vigilancia de la gripe común y de las investigaciones de casos de agencias de salud pública y animal.

Resultados. La edad media de los 11 pacientes fue de 10 años (16 meses a 48 años), y 4 con condiciones pobres de salud. Nueve de los pacientes habían tenido exposición a los cerdos, cinco a través del contacto directo y cuatro a través de visitas a un lugar donde los cerdos estaban presentes, pero sin contacto. En otro paciente, se sospecha de transmisión de persona a persona. El rango del período de incubación, desde la última exposición conocida a la aparición de los síntomas, fue de 3 a 9 días. Entre los 10 pacientes con síntomas clínicos, los síntomas incluyen fiebre (en el 90%), tos (en el 100%), dolor de cabeza (en el 60%) y diarrea (en el 30%). La BH mostró de cuatro pacientes, reveló leucopenia en dos, en uno linfopenia y trombocitopenia en otro. Cuatro pacientes fueron hospitalizados, dos de los cuales se sometieron a ventilación mecánica invasiva. Cuatro pacientes recibieron tratamiento con oseltamivir, y los 11 recuperado de su enfermedad.

Conclusiones. En estos casos reportados El CDC confirmó que todos los pacientes tenían mezclas recombinantes estables del virus A (H1) aviar, del cerdo y de la gripe humana. Diez de los 11 pacientes estaban infectados con el subtipo H1N1 y el paciente restante con el subtipo H1N2.

Todos los virus aislados en esta serie fueron susceptibles a las adamantinas (amantadina y rimantadina) y a los inhibidores de la neuraminidasa (oseltamivir y zanamivir).






Revisión sistemática metanálisis. Antieméticos y Gastroenteritis aguda en niños, El uso de agentes antieméticos en gastroenteritis aguda. ¿Cuál es su costo-efectividad?.

DeCamp LR, Byerley JS, Doshi N, Steiner MJ Revisión sistemática metanálisis. Antieméticos y Gastroenteritis aguda en niños, El uso de agentes antieméticos en gastroenteritis aguda. ¿Cuál es su costo-efectividad?. . Arch Pediatr Adolesc Med. 2008; 162(9):858-865

La gastroenteritis aguda es una enfermedad común de la infancia que representa más del 1,5 millones de visitas anuales de los pacientes ambulatorios, y el 13% de las hospitalizaciones de los niños menores de 5 años en los Estados Unidos. Aunque la muerte por gastroenteritis en los Estados Unidos es poco común, la diarrea y la deshidratación son causas comunes de muerte en los países en vías de desarrollo.

Aquí se propone realizar una revisión sistemática, seguida de un metanálisis, sobre el uso de antieméticos. Y así determinar si su uso en los niños con gastroenteritis proporciona alivio sintomático, si mejora clínicamente y estadísticamente los resultados, y que importante efectos adversos resultan del uso estos medicamentos.

Siendo la gastroenteritis una importante causa de internación local en época de verano, y sabiendo que esto se genera como consecuencia de la contraindicación o el fracaso de la TRO, muchas veces por un número importante de vómitos; se podría tener en cuenta la posibilidad de utilizar ondasetrón como alternativa terapéutica. En cambio creo que en niños en los cuales se logra alcanzar una buena tolerancia oral y realizar una TRO, sería innecesario su uso, sabiendo que podríamos prolongar su diarrea. Para esta última situación aún faltan nuevos estudios. En conclusión solamente en el caso del ondasetrón se justificaría evaluar su uso, analizando costo-efectividad en cada presentación clínica.






Gastroenteritis aguda. Validación de una escala clínica de deshidratación para niños.

Goldman RD, Friedman JN, Parkin PC Gastroenteritis aguda. Validación de una escala clínica de deshidratación para niños. Se validaron las tres categorías de la escala clínica de deshidratación en forma prospectiva en pacientes ambulatorios atendidos en un servicio de emergencia. Pediatrics 2008;122;545-549

Introducción. La gastroenteritis aguda (GA) es una de las principales causas de hospitalización en niños. En Estados Unidos, la GA es responsable de aproximadamente 220.000 internaciones en menores de 5 años, provocando un gasto superior a los 2 billones de dólares al año.

Estudios previos sugieren que las habilidades clínicas de los médicos pueden no ser suficientes y necesitar de estudios de laboratorio para un manejo seguro de pacientes con esta patología. Hasta no se hace mucho tiempo, el grado de deshidratación era generalmente determinado sin tener en cuenta ninguna regla clínica unificada y validada. De esta manera, varios autores han intentado determinar a partir de la combinación de signos clínicos la forma mas adecuada de medir el grado de deshidratación. Una revisión sistemática determinó que la observación individual de signos clínicos tales como, relleno capilar, turgencia de piel, y alteración del patrón respiratorio, fueron los signos de mayor capacidad para identificar deshidratación. Sin embargo, también según esta revisión, la agrupación de signos clínicos no mejoraría la capacidad diagnóstica.

Los autores del presente trabajo desarrollaron una escala para evaluar el grado de deshidratación en pacientes de 1 a 36 meses con GA llamada Escala Clínica de Deshidratación (ECD). La ECD se compone de 4 ítems, de 0 a 2 puntos por ítem, que sumados dan un score total de 0 a 8 puntos para predecir 3 categorías de deshidratación, sin deshidratación (ECD de 0), algún grado de deshidratación (ECD de 1 a 4), y deshidratación moderada a severa (ECD de 5 a 8).

Objetivo. Validar prospectivamente la Escala Clínica de Deshidratación

Material y método. Estudio prospectivo observacional, sobre pacientes de 1 mes a 5 años de edad con GA que asistieron al servicio de emergencias. Se definió GA como enfermedad diarreica de rápida evolución, con o sin síntomas y signos acompañantes tales como nauseas, vómitos, fiebre, o dolor abdominal.

Entre el 1 de enero y 6 de mayo del año 2005, padres de pacientes que asistieron por GA de más de 24 horas de evolución fueron invitados a participar del estudio. Se excluyeron pacientes con GA de más de 10 días de evolución, y pacientes con sospecha de deshidratación secundaria a otra patología acompañante distinta de GA. También fueron excluidos pacientes tratados con fluidos endovenosos dentro de las 24 horas previas al ingreso o que fueran incluidos previamente en este estudio.

Ingresado al estudio, la enfermera del servicio de emergencia realizó la evaluación del paciente según la ECD y luego se realizó la historia clínica y evaluación clínica del paciente por el pediatra de guardia.

Se tuvieron en cuenta la edad de los pacientes, género, tiempo de evolución de la enfermedad, y el número de episodios de vómitos y deposiciones referidos por los padres. También se registró el diagnóstico final del paciente, si requirió internación o no, el tipo de tratamiento realizado y en caso que fueran realizados, valores de los resultados de pruebas de laboratorio. Por último, los autores registraron el tiempo de consulta en la guardia, definido desde el momento en que el paciente ingresaba a la sala de triage hasta el alta o el momento en que se decidía la internación.

Resultados. Características de base. Durante el período estudiado fueron reclutados 211 pacientes. Se excluyeron 2 pacientes por no tener el score correctamente determinado y 3 pacientes por presentar los datos incompletos. De los 206 pacientes el 50% eran varones, la media de edad fue 22,4 ± 14,9 meses.

Los scores de deshidratación fueron 117 niños (57%) con score 0, 84 niños (41%) con score de 1 a 4, y 5 niños (2%) con score ≥ 5. Un total de 196 niños (95%) fueron dados de alta del servicio de emergencias, solo 10 niños (5%) fueron internados.

Se obtuvieron muestra de sangre para estudios de laboratorio en 59 pacientes (29%). Sobre estos, 17 pacientes tuvieron pH ≤ 7,31, y 23 tuvieron bicarbonato ≤ 17 mEq/L. El 93% de los pacientes en los que se realizó una prueba de laboratorio recibieron, al menos en parte, tratamiento endovenoso.

La mediana de estadía en el servicio de emergencias fue de 231 minutos, media 313 ± 252 minutos. Del total, 21 pacientes fueron dados de alta sin tratamiento de rehidratación. El 86% (177) de los pacientes recibió tratamiento de rehidratación oral en el servicio de emergencias, de los cuales 54 además necesitaron tratamiento endovenoso. Por último solo 8 pacientes recibieron tratamiento endovenoso exclusivo.






Altas dosis de Amoxicilina VO. Tratamiento ambulatorio de la neumonía grave infantil podrían recibir tratamiento ATB en su domicilio.

Fox HT, Qazi SA Altas dosis de Amoxicilina VO. Tratamiento ambulatorio de la neumonía grave infantil podrían recibir tratamiento ATB en su domicilio. Lancet 371(9606):49-56, Ene 2008

Introducción. En los países en vías de desarrollo, las infecciones respiratorias de las vías aéreas inferiores (IRVAI) son muy frecuentes y generan considerable morbilidad y mortalidad. De hecho, se estima que fallecen más de 2 millones de niños de menos de 5 años por año. Según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niños con tos y sin taquipnea deben ser tratados en forma ambulatoria sin antibióticos. Por el contrario, los niños con taquipnea (neumonía no grave) pueden ser tratados en forma ambulatoria con antibióticos, en tanto que los pacientes con retracción del tórax inferior (RTI, neumonía grave) o con signos de alerta (enfermedades muy graves) deben ser internados para recibir antibióticos por vía parenteral (bencilpenicilina o ampicilina).

Métodos. La investigación se realizó en 7 centros de 5 ciudades de Pakistán; abarcó pacientes de 3 a 59 meses asistidos por IRVAI (tos, dificultad para respirar o ambas) entre febrero de 2005 y agosto de 2006. Según la clasificación de la OMS, la neumonía se diagnostica en presencia de 50 o más respiraciones por minuto en los niños de 2 a 11 meses y de más de 40 en los pacientes de 12 a 59 meses, en ausencia de RTI; la neumonía grave se establece en presencia de RTI con taquipnea o sin ella, mientras que la neumonía muy grave es la enfermedad asociada con imposibilidad de ingerir líquidos, convulsiones, cianosis central, dificultades para dormir o para permanecer despierto y estridor, o en los niños con desnutrición grave. Se excluyeron los pacientes con antecedentes de asma, aquellos con 3 o más episodios de sibilancias en los últimos 12 meses y los niños en los que la RTI desapareció después de 3 dosis de un broncodilatador administrado en el transcurso de 30 minutos. Tampoco se incluyeron los niños con neumonía muy grave (que fueron internados para recibir tratamiento sistémico), los pacientes con antecedente de reacciones anafilácticas a la penicilina o a la amoxicilina, los niños con vómitos persistentes y aquellos que habían sido internados en las 2 semanas previas. No fueron evaluados los enfermos con otras infecciones.

Los pacientes fueron asignados en forma aleatoria a recibir amoxicilina por vía oral en dosis de 80 a 90 mg/kg/día en 2 dosis en la casa (grupo ambulatorio, GA) o a internamiento para recibir ampicilina por vía intravenosa durante las primeras 48 horas (grupo de internación, GI). Los pacientes fueron evaluados por profesionales con un elevado nivel de entrenamiento en IRVAI. Los participantes del GA recibieron la primera dosis del antibiótico bajo supervisión médica; luego fueron enviados a su hogar, donde debían completar los 5 días de tratamiento. Cuando fue necesario, también recibieron salbutamol por vía oral (0.15 mg/kg/dosis) y antipiréticos. Los padres fueron alertados acerca de los “signos de alarma" y de volver al hospital si el estado clínico se deterioraba.

Se efectuaron controles los días 1, 3, 6 y 14. Los niños del GI permanecieron en el hospital durante 48 horas; en caso de necesidad recibieron salbutamol en nebulizaciones (0.15 mg/kg/dosis), oxígeno y antipiréticos. Los que respondieron bien en esta primera fase de terapia fueron dados de alta para continuar con el tratamiento por vía oral (80 a 90 mg/kg/día de amoxicilina en 2 dosis), hasta completar 5 días. Debían volver a control el tercero, sexto y decimocuarto día. Cuando fue posible se tomaron muestras de orina para determinar la utilización previa de antibióticos. El punto principal de análisis fue el fracaso terapéutico hasta el sexto día. En ambos grupos, el parámetro secundario de evaluación fue el fracaso terapéutico entre los días 6 y 14: recaída.

Resultados. La cohorte de estudio estuvo integrada por 1 048 niños en el GI y 1 052 en el GA. Los 2 100 pacientes fueron incluidos en el análisis con intención de tratar (IT), mientras que la población por protocolo (PPP) estuvo formada por 1 012 niños en el GI y 1 025 en el GA. El 97% de los pacientes de la PPP cumplieron correctamente el esquema de tratamiento. Sólo se comprobaron diferencias leves en las características basales de los niños asignados a cada grupo. Al sexto día, el análisis de la PPP reveló fracaso terapéutico en el 8.6% de los niños del GI y en el 7.5% de los del GA, con una diferencia de riesgo de 1.1 (en el margen de equivalencia). Los motivos más frecuentes del fracaso terapéutico fueron la aparición de signos de alarma hacia el sexto día, la necesidad de permanecer en el hospital más de 48 horas (en el GI) o la necesidad de internación como consecuencia de la infección (en el GA). La fiebre de más de 38º C y la persistencia del RTI al sexto día fueron otras causas de fracaso terapéutico. La recaída al día 14, entre los 1 873 pacientes con buena respuesta al sexto día, fue muy rara e igualmente frecuente en ambos grupos (3.4% en el GI y 2.6% en el GA, con una diferencia del riesgo de 0.7%). Se registraron más fracasos terapéuticos en el GI que en el GA (5.8% y 3.5%, con una diferencia de 2.3%) sobre todo por la aparición de signos de alarma que motivaron la permanencia en el hospital durante más de 48 horas. El análisis que se realizó con la exclusión de los niños con sibilancias audibles mostró resultados idénticos. El análisis en la población con IT reveló los mismos hallazgos que los observados en la PPP.

La exclusión de los 816 pacientes con diarrea, vómitos y sibilancias o de los tratados antes con antibióticos como variables de confusión reveló casi los mismos resultados.

El 0.2% de los niños fallecieron en el transcurso de los 14 días que siguieron a la incorporación: 1 en el GA y 4 en el GI; en todos los casos, el fracaso terapéutico se había establecido con anterioridad al deceso y el esquema de tratamiento se había modificado. Cuatro de los niños fallecidos tenían 6 meses o menos de vida, mientras que la quinta muerte se produjo en un niño de 29 meses. Las defunciones obedecieron a coagulación intravascular diseminada, sepsis, aspiración e insuficiencia cardíaca congestiva. Ninguna se consideró asociada con el tratamiento.

En el modelo de variables múltiples, la corta edad (3 a 5 meses en comparación con más de 12 meses), el peso por debajo del normal para la edad y la taquipnea importante fueron factores predictivos de mortalidad hacia el sexto día. La lactancia materna en niños de menos de 24 meses fue un factor protector. El análisis de variables únicas reveló que el uso de antibióticos en los 7 días anteriores a la aleatorización y que las sibilancias audibles fueron elementos predictivos de fracaso terapéutico al sexto día. En el 37% de las muestras de orina se constató actividad antibacteriana; 32% de los pacientes admitieron haber usado antes antibióticos. Sin embargo, el fracaso terapéutico no estuvo asociado con la presencia de actividad antibacteriana en la orina.





Un problema común en pediatría. Enuresis, evaluación y manejo

Lane W, Robson M. Un problema común en pediatría. Enuresis, evaluación y manejo N Engl J Med 2009;360:1429-36.

Al menos el 20% de los niños tuvieron un episodio de enuresis. Se la clasifica como: “enuresis monosintomática" “enuresis no-monosintomática". Una revisión muy actual sobre el tema.

Problema clínico. La enuresis es un problema común en pediatría. Según un estudio reciente de cohorte longitudinal, al menos el 20% de los niños tuvieron un episodio en el que haya humedecido la cama y el 4% la ha mojada dos o más veces a la semana, considerándose enuresis. Es más común en niños que en niñas. En otro estudio sobre 10.960 niños en los Estados Unidos, la prevalencia de enuresis en los niños de 7 y 10 años fue del 9% y 7%, respectivamente, y en las niñas en esas edades, el 6% y 3% respectivamente.

Evaluación . Para la evaluación de la enuresis es necesario realizar una historia clínica completa y detallada. Las micciones frecuentes y la nicturia son síntomas que sugieren una baja capacidad funcional de la vejiga. Algunos niños presentan una frecuencia miccional normal o hasta disminuida, sin embargo, con una baja capacidad funcional vesical y solo se hace evidente el episodio luego de una carga considerable de líquidos. , registro diario de micciones, historia clínica que incluya síntomas sugestivos de cistitis o constipación, calzón desechable. Dieta y hábitos de bebida del niño, habitualmente ingieren poco líquido durante la mañana y el comienzo de la tarde y la mayor parte del líquido lo reciben durante la noche, esto favorece la poliuria nocturna.

El examen físico debe incluir la palpación del abdomen orientado hacia la palpación de heces, examen de la columna lumbar buscando estigmas cutáneos de disrrafias (pigmentación de la línea media o mechón de pelo, o fosita pilonidal), la evaluación de la zona anal, y la evaluación de la fuerza, tono, reflejos, y sensibilidad en miembros inferiores que puedan orientar hacia vejiga neurogénica. Los niños con síntomas urinarios durante el día o que no hayan mejorado al menos ligeramente la situación con la terapia habitual deben ser derivados al especialista.

Pruebas de laboratorio y estudios por imágenes Se justifica realizar en todos los niños al menos un análisis de orina para descartar una infección del tracto urinario y glucosuria.

La ecografía renal es útil en niños con síntomas diurnos y se debe realizar en forma rutinaria.

La ecografía vesical realizada cuando el niño siente la necesidad de orinar puede ser utilizada para estimar la capacidad funcional de la vejiga. Realizada después de la micción es útil para estimar el grosor de la pared vesical y el residuo post – miccional, el aumento de ambos índices sugiere enuresis no-monosintomática.

Por último, la medición ecográfica del recto se ha propuesto como signo de constipación, sin embargo, sus datos aún no están validados y el diagnóstico se sigue basándose en el relato clínico y observación por los padres de los hábitos evacuatorios.

Manejo. Los tratamientos convencionales de la enuresis incluyen la terapia conductual, tratamiento con alarma y tratamiento farmacológico. De estos, los únicos tratamientos que demostraron ser efectivos en estudios controlados randomizados fueron los que utilizan sistemas de alarma para despertar al niño cuando comienza la micción y los que utilizan tratamiento con desmopresina o imipramina.

La decisión de retrasar el tratamiento no debe estar apoyada en el conocimiento de que la enuresis desparece con el tiempo. Un caso particular son los pacientes con enuresis de baja frecuencia, un episodio al mes, estos casos se relacionan con baja autoestima del paciente y el tratamiento debe estar orientado en este sentido (mejorar la autoestima). La decisión sobre cuando empezar el tratamiento se debe basar en el interés y motivación del niño más que en pedido de los padres.

El paciente descrito al inicio del trabajo, niño de 8 años con enuresis y buen desarrollo escolar, aunque con episodios de urgencia miccional al llegar del colegio, corresponde a una enuresis no-monosintomática, probablemente como consecuencia de una menor capacidad residual funcional de la vejiga (que puede ser consecuencia de la constipación) y/o de una poliuria nocturna (por recibir mayor cantidad de líquidos entre la tarde y la noche).

La consulta con el especialista debería ser considerada. Dentro de la evaluación del niño se debe incluir una correcta historia clínica. Análisis de orina completo, y ecografía de pelvis para evaluar pared y grosor vesical y el volumen residual luego de la micción. También en la ecografía se debe reparar en el diámetro del recto como estimación del contenido de materia fecal acumulada.

Los autores sugieren en primer lugar indicar las recomendaciones sobre cambios de hábitos y conductas, estimular y alentar al niño y la familia ante los logros que se vayan consiguiendo. Si no se observa modificación de los síntomas luego de varios meses estaría indicada la utilización de un sistema de alarma para enuresis. En caso de no presentar mejoría, utilizar desmopresina vía oral.

Se revisan en forma concisa las bases y el manejo de la enuresis en niños. Es importante destacar que en lo referente al manejo inicial no se debería obviar una correcta anamnesis, el examen físico completo, un análisis completo de orina y una ecografía vesical antes y después de la micción.

En el tratamiento, la terapia conductual queda como primer escalón, luego sistemas de alarma para enuresis y por último la desmopresina vía oral.

Por último, por ser el primer escalón del tratamiento, se enumeran las principales recomendaciones conductuales que el pediatra debería indicar en el consultorio:

• Cambiar de ropa interior, realizar el vaciado vesical en el baño, e higienizar al inicio de cada día.

• Alentar a los niños para evitar la retención de orina.

• Alentar a los niños para orinar al menos una vez cada 2 horas, o por lo menos varias veces durante el día con una frecuencia suficiente como para evitar la urgencia e incontinencia miccional.

• Facilitar el acceso al baño durante el horario escolar con una nota de aviso a la maestra.

• El niño no debe tener restricción de líquidos durante la mañana y el comienzo de la tarde.

• Minimizar la ingesta de líquidos y solutos después de la cena a menos que se encuentre participando de actividades sociales o deportivas.

• Fomentar al menos una evacuación diaria, preferiblemente después del desayuno y antes de ir la escuela.

• Favorecer la correcta posición para lograr una buena relajación muscular del suelo pélvico, facilitando el buen vaciado intestinal.

• Alentar al niño a comer alimentos que logren suavizar las heces y evitar alimentos constipantes.

• Animar al niño a participar de actividad física y desalentar el permanecer sentado por tiempo prolongado delante de la televisión o de la computadora.





Preocupaciones por el peso e intentos de suicidio adolescente

Swahn MH , Reynolds MR,Tice M , Miranda-Pierangeli Mc , Jones CR, ...Perceived Overweight, BMI, and Risk for Suicide Attempts: Findings from the 2007 Youth Risk Behavior Survey Journal of Adolescent Health, In Press, Corrected Proof, Available online 18 May 2009

http://www.jahonline.org/article/S1054-139X(09)00113-X/abstract

Los adolescentes que tienen sobrepeso o los que creen que lo tienen, son más propensos que otros a intentar suicidarse, según un estudio de EE. UU.

Los investigadores evaluaron a más de 14,000 estudiantes de secundaria para determinar si había una relación entre los intentos de suicidio y el índice de masa corporal (IMC), además de la creencia de un adolescente de que tal vez tenga sobrepeso, sea o no verdad.

El estudio encontró que los adolescentes que tenían sobrepeso, así como los que creían tenerlo, eran más propensos a intentar suicidarse que aquellos que no tenían sobrepeso o no crían que lo tenían. Los hallazgos son igualmente potentes en adolescentes de ambos sexos.

"Nuestros hallazgos muestran que el sobrepeso tanto percibido como real aumenta el riesgo de intentos de suicidio", apuntó en un comunicado de prensa de la institución la autora principal del estudio, Monica Swahn, decana asociada de investigación del Colegio de ciencias de la salud y humanas y profesora asociada del Instituto de salud pública de la Universidad Estatal de Georgia.

"Se trata de una preocupación importante, pues cada vez más niños y jóvenes tienen sobrepeso y son obesos", advirtió.

Una mejor comprensión sobre la relación entre los problemas de peso y el riesgo de suicidio en adolescentes puede ayudar en el desarrollo de estrategias adecuadas para la prevención del suicidio, según los investigadores.

"No podemos enfocarnos sólo en estrategias de prevención para los que tienen sobrepeso y están preocupados sobre su peso, sino que tenemos que incluir a los jóvenes que creen que tiene sobrepeso aunque no sea así en realidad", señaló Swahn. Añadió que los adolescentes "se sientes muy presionados por encajar y para encajar en ciertos ideales limitados de belleza".

El Dr. Hatim Omar, jefe de la División de medicina adolescente de la Universidad de Kentucky, dijo en el comunicado de prensa que el estudio "añade otra llamada de advertencia a proveedores, padres, profesores y la sociedad sobre la necesidad de evaluar a todos los adolescentes por depresión y riesgo de suicidio, con especial atención a los que tienen obesidad percibida o real".





Cirugía cardíaca neonatal: análisis comparativo de resultados quirúrgicos según el método rachs-1 de estratificación del

Ballestrinia M, Ithuraldea M, Searaa C, García Nania MA, Camposa M, Fernándeza N, García Delucisa P, Nojeka C Neonatal cardiac surgery: assessment and comparison of surgical results using the rachs-1 risk adjustment method Ithuraldea Arch Argent Pediatr 2009; 107(3):229-233

Introducción. El método RACHS-1 (Risk Adjustment for Congenital Heart Surgery) se utiliza para predecir mortalidad y ajuste de riesgo en cirugía cardiovascular pediátrica y constituye una herramienta válida para la comparación de resultados.

Objetivo. Establecer si la mortalidad neonatal se relaciona con la edad y con la estratificación según RACHS-1.

Material y método. De marzo de 2001 a mayo de 2008 se operaron en forma consecutiva 751 pacientes: 160 neonatos (0-30 días), 309 lactantes (31-365 días) y 282 mayores (1-18 años); se analizó la distribución de los pacientes según edad, RACHS-1 y mortalidad. Se empleó un análisis de regresión logística con la mortalidad como variable dependiente y la edad y el RACHS-1 como variables independientes.

Resultados. La mortalidad total bruta fue del 4,3%, la neonatal 9,2%. Se observó una diferencia estadísticamente significativa (∞= 219, p< 0,0001) de distribución por grupo etáreo y de RACHS-1. El análisis logístico indicó que no hay diferencias estadísticamente significativas (p> 0,05) de mortalidad entre los grupos etáreos agrupados por RACHS-1 y que, mientras este último es un poderoso factor predictivo de mortalidad (p> 0,001), la edad no lo es (p= 0,8). Utilizando la unidad uno del RACHS-1 como grupo control, las razones de probabilidades (odds ratio) de las distintas edades fueron 2,1 (IC 95%: 1,6-2,7) por cada unidad de RACHS-1. Conclusiones. La edad de la operación no resultó un factor de riesgo independiente para las mortalidades. El RACHS-1 resultó un factor de riesgo de mortalidad de alto valor predictivo, no hubo diferencias de mortalidad entre los grupos etáreos al ser agrupados por RACHS-1.

Palabras clave: cirugía cardiovascular, cardiopatías congénitas, riesgo, mortalidad.





Tratamiento antirretroviral de gran actividad en niños VIH positivos. Evolución de la enfermedad relacionada con parámetros clínicos, inmunológicos y virológicos al comienzo del tratamiento

Rodríguez de Schiavi MS, Scrigni A, García Arrigoni P, Bologna R, Barboni G, Julia Redondo, Mariana Nastri, Débora Mecikovsky, Claudio Cantisano, Rina Moreno, Siciliani J, Lencina M, Luedicke N, Rezzónico G, Torolla JL, López Papucci S, Luis M, Libonati C, Gamba L, Barbarysky J, Pérez Hernández E, Zlatkes . Tratamiento antirretroviral de gran actividad en niños VIH positivos. Evolución de la enfermedad relacionada con parámetros clínicos, inmunológicos y virológicos al comienzo del tratamiento Arch Argent Pediatr 2009; 107(3):212-220

Introducción. Desde 1996, los niños infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana reciben tratamientos antirretrovirales denominados de gran actividad (TARGA). El inicio tardío puede restarle eficacia; la administración prolongada aumenta el riesgo de episodios adversos y desarrollo de resistencia, y dificulta la adherencia. Nuestro objetivo fue establecer si existe relación entre los parámetros clínicos, inmunológicos y virológicos al inicio del tratamiento TARGA, y la evolución de los pacientes.

Población, material y métodos. Estudio retrospectivo-prospectivo observacional de una cohorte de niños VIH positivos tratados con TARGA a partir de 1998 (n= 564) en hospitales de Buenos Aires y Rosario (promedio de tratamiento: 46,78 meses. Intervalo: 2-91 meses). Se los agrupó según edad (menor o mayor de un año) y evolución (favorable o desfavorable). Se correlacionaron el estadio clínico, porcentaje de linfocitos CD4 y carga viral al comienzo del tratamiento con la evolución.

Resultados. No hubo diferencias entre porcentaje y recuento de CD4 y carga viral al inicio entre los niños menores de un año con buena (n= 79) o mala evolución (n: 4). Entre los niños mayores (450 con buena evolución, 31 con evolución desfavorable), fueron predictores de mala evolución al iniciar TARGA, el compromiso clínico grave (estadio C) (p= 0,006), CD4 menor 15% (p< 0,001) y recuento de CD4 menor de 500 células/mm3 (p= 0,003). Conclusiones. Los niños mayores de un año tienen mejor pronóstico cuando empiezan tratamiento en estadios previos al C, con CD4 > 15% o más de 500 células CD4/mm3.

Palabras clave: síndrome de inmunodeficiencia adquirida, SIDA, VIH, tratamiento antirretroviral de gran actividad, TARGA.






Prevalencia de las alteraciones del sueño entre la población infantil que presenta cefalea

Tomás-Vila M, Miralles-Torres A, Beseler-Soto B, Revert-Gomar M, Sala-Langa MJ y Uribelarrea-Sierra Prevalencia de las alteraciones del sueño entre la población infantil que presenta cefalea AI Rev Neurol 2009; 48: 412-417

La población infantil afectada de cefaleas presenta un mayor número de trastornos del sueño que, fundamentalmente, son el insomnio, la excesiva somnolencia diurna y las parasomnias. Esta es la conclusión de un estudio publicado en Revista de Neurología.

Los autores del trabajo recomiendan una mejora de la calidad del sueño para evitar, así, la administración de medicamentos de manera continua y los efectos secundarios imputables al tratamiento farmacológico.

Se trata de un estudio epidemiológico que se ha realizado entre la población escolar de la ciudad de Gandía, España, con el fin de conocer los patrones de sueño y sus alteraciones en dicha población. Para ello se ha utilizado la versión española del Pediatric Sleep Questionnaire (PSQ). La frecuencia de la cefalea encontrada en esta población es del 36,2% y la de cefalea matutina, del 3,8%. El insomnio se relaciona de forma clara con la cefalea. En esta población, un 18% de los niños que presentaban cefalea también tenían insomnio y un 19,3% excesiva somnolencia diurna.






Relación entre cefalea y trastornos del sueño: resultados de un estudio epidemiológico en población escolar

Tomás-Vila M, Miralles-Torres A, Beseler-Soto B, Revert-Gomar M, Sala-Langa MJ y Uribelarrea-Sierra AI Relación entre cefalea y trastornos del sueño: resultados de un estudio epidemiológico en población escolar[Rev Neurol 2009; 48: 412-417]

Introducción. La cefalea y los trastornos del sueño tienen un alto impacto en la población infantil, tanto desde el punto de vista de la prevalencia como desde el punto de vista de la calidad de vida de los sujetos que los presentan. Objetivo. Conocer la prevalencia de los trastornos del sueño entre la población infantil afectada de cefalea. Sujetos y métodos. Se utilizó la versión española del Pediatric Sleep Questionnaire, que se distribuyó entre una muestra representativa de la población de niños y adolescentes que acuden a los diferentes centros escolares de la ciudad de Gandía. Dicho cuestionario incluye dos preguntas acerca de la existencia de cefalea. Resultados. Respondieron a la encuesta un total de 887 sujetos (el 68% de respondedores). Las alteraciones de sueño que se asocian de forma clara con la cefalea son: trastorno del movimiento rítmico, somniloquias, pesadillas, presentar más de dos despertares nocturnos, resistencia a acostarse, despertares tempranos, retraso en el inicio del sueño, insomnio, irregularidad en el horario de levantarse y acostarse, excesiva somnolencia diurna, ronquidos y un cribado positivo para síndrome de apnea-hipopnea. Conclusiones. Se demuestra que la población afectada de cefaleas tiene un mayor número de trastornos del sueño, fundamentalmente insomnio, excesiva somnolencia diurna y parasomnias. Es importante recabar información acerca del sueño en todo niño que sea atendido a causa de cefalea.

Palabras Clave: Cefalea. Excesiva somnolencia diurna. Insomnio. parasomnia. Ronquido. Trastorno del sueño. Trastorno respiratorio relacionado con el sueño


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