Academia Mexicana de Pediatría

Convocatoria Admisión de nuevos miembros 2009
Premio Nacional de Inv. Pediátrica 2009 Premio Dr. Rafael Soto Allande 2009 Premio Dr. Mario A. Torroella 2009

Bibliografía de interés


 

 

 

LA CONSOLIDación DE LA MEMORIA, UN SIGLO DESPUES.

Prado-Alcal� RA, Quirarte GL. LA CONSOLIDACION DE LA MEMORIA, UN SIGLO DESPUES. REVISTA DE NEUROCIENCIA. REV NEUROL 2007;45:284-292


Introducción. La teor�a de la consolidación de la memoria, basada en el trabajo que Georg Elias M�ller y Alfons Pilzecker publicaron hace m�s de un siglo, ha guiado directa o indirectamente la investigación acerca de la neurobiolog�a de la memoria. En su monograf�a cl�sica concluyeron que la fijación de la memoria requiere del paso del tiempo (consolidación) y que la memoria es vulnerable durante este per�odo de consolidación, ya que se presenta un cuadro amn�sico cuando se interfiere con el funcionamiento cerebral antes de que concluya el proceso de consolidación. La gran mayoría de datos experimentales relacionados con este fen�meno apoyan fuertemente la teor�a.

Desarrollo. En este art�culo se presenta una revisi�n de experimentos que han permitido proponer un modelo que explica la amnesia producida en condiciones convencionales de aprendizaje, as� como otro modelo relacionado con la protecci�n de la memoria cuando los mismos aprendizajes se someten a una situación de entrenamiento intenso.

Conclusiones. Los resultados de investigaciones relativamente recientes han demostrado que los tratamientos que t�picamente producen amnesia al administrarse inmediatamente despu�s de una experiencia de aprendizaje (durante el per�odo en el cual se estar�a consolidando la memoria), se tornan inocuos cuando se trata de aprendizajes mediados por un n�mero relativamente grande de ensayos o de sesiones de entrenamiento, o por eventos aversivos de intensidad relativamente alta. Estos resultados no son congruentes con las teor�as prevalecientes acerca de la consolidación.
 

 


 

NATALIZUMAB EN EL TRATAMIENTO DE LA ESCLEROSIS M�LTIPLE

Horga JF. Natalizumab en el tratamiento de la esclerosis m�ltiple. REV NEUROL 2007;45:293-303


Objetivo. Revisar y actualizar la información sobre el mecanismo de acci�n del natalizumab y su eficacia en el tratamiento de la esclerosis m�ltiple (EM). Desarrollo. El natalizumab, un anticuerpo humanizado monoclonal frente a la integrina alfa-4, se une a su receptor en la superficie de los linfocitos e impide la transmigración de �stos a las zonas inflamadas del tejido cerebral. Adem�s, parece que el natalizumab disminuye la activación de los linfocitos T que ocurre tras su infiltración en el par�nquima cerebral y puede contribuir a la apoptosis de los linfocitos T en estos tejidos. Se han llevado a cabo dos grandes ensayos cl�nicos multic�ntricos de dos a�os de duración (AFFIRM y SENTINEL), que demuestran una eficacia superior a la conocida hasta ahora en la prevención de las reca�das y de la progresi�n de la EM. El natalizumab redujo la frecuencia anual de las reca�das en un 68 y 54% en estos ensayos respectivamente (p < 0,001). Adem�s, tambi�n disminuy� significativamente el riesgo de progresi�n de la discapacidad en un 42 y un 24%, respectivamente. Seg�n los resultados del estudio AFFIRM, los acontecimientos adversos que fueron significativamente m�s frecuentes en el grupo tratado con natalizumab que en el grupo placebo fueron la fatiga (27 frente a 21%) y las reacciones al�rgicas (9 frente a 4%). La incidencia de reacciones de hipersensibilidad graves descritas como anafil�cticas o anafilactoides fue baja (< 1%) y respondieron adecuadamente al tratamiento habitual. En el estudio SENTINEL se diagnosticaron dos casos de leucoencefalopat�a multifocal progresiva (LMP), uno de ellos mortal, en el grupo tratado con natalizumab asociado a interfer�n beta-1a.

Conclusiones. El natalizumab ha demostrado reducir el riesgo de progresi�n sostenida de discapacidad y la frecuencia de reca�das clínicamente detectadas en pacientes con EM remitente recurrente. A pesar de su bajo riesgo de producci�n de reacciones adversas, debe vigilarse a los pacientes tratados con natalizumab a intervalos regulares para detectar cualquier aparici�n o empeoramiento de signos o s�ntomas neurol�gicos que pudieran ser indicativos de LMP, y su empleo debe restringirse a las indicaciones aprobadas.
 

 


 

DUCTUS ARTERIAL PERSISTENTE. BENEFICIOS DEL USO PROFIL�CTICO DE INDOMETACINA EN NEONATOS PRETERMINO. IMPACTO EN LA PR�CTICA CL�NICA DE DOS ESTUDIOS CONTROLADOS RANDOMIZADOS

Clyman R, Saha S, Jobe A, Oh W. Ductus arterial persistente. Beneficios del uso profil�ctico de indometacina en neonatos pretermino . Impacto en la pr�ctica clínica de dos estudios controlados randomizados. J Pediatr. 2007 January; 150(1): 46�50.e2


Introducción. Los neonatos pretermino tienen riesgo aumentado de presentar ductus arterial persistente (DAP), hemorragias pulmonares y problemas neurol�gicos como hemorragia intracraneal (HIC), retardo mental y par�lisis cerebral.

En los a�os 80 algunos estudios simples no controlados de peque�a población, sugirieron efectos beneficiosos de la administración profil�ctica de indometacina en la disminuci�n de la incidencia de HIC severa, DAP sintom�tico y cierre quir�rgico de DAP. Posteriormente Ment y colaboradores lo confirmaron.

Schmidt y colaboradores realizaron el estudio TIPP (Trial of indomethacin prophylaxis in preterms) con el objetivo de evaluar los efectos a largo plazo del uso profil�ctico de indometacina sobre el desarrollo motor, sensorial y cognitivo. Este estudio se realiz� en 1202 neonatos con un peso de nacimiento menor a 1000 gramos, mostrando resultados beneficiosos sobre la disminuci�n de la incidencia de DAP, hemorragia pulmonar, enterocolitis necrotizante, HIC y retinopat�a. A pesar de esto, no evidenci� disminuci�n de la incidencia de muerte y alteraciones en el desarrollo neurol�gico posterior. 


Los autores realizaron el siguiente trabajo para determinar la asociación entre ambos ensayos presentados y el uso profil�ctico de indometacina, y re-evaluar las determinaciones estadísticas que llevaron a los resultados negativos del estudio TIPP.

M�todos. Se examin� la Red de Registro Neonatal para determinar si los estudios de Ment y Schmidt (estudio de Ment y estudio TIPP respectivamente) afectaron el uso profil�ctico de indometacina (durante las primeras 24 horas) en neonatos que sobrevivieron m�s de 12 horas luego del nacimiento. Esta red representa un registro multic�ntrico dise�ado para la determinación de pr�cticas y tasas de morbilidad y mortalidad neonatal.

Se seleccionaron neonatos de menos de 30 semanas de gestación y con peso de nacimiento de 401-1250 gramos que sobrevivieran mas de 12 horas luego del nacimiento.


Se consideraron tres per�odos: periodo 1 (3 a�os previos a la publicación del estudio de Ment, a�os 1991-1993) 4296 neonatos, periodo 2 (3 a�os posteriores a la publicación de Ment, a�os 1995-1997) 4167 neonatos, y periodo 3 (3 a�os posteriores a la publicación del estudio TIPP, a�os 2002-2004) 4421 neonatos. Análisis estad�stico. Para la determinación del impacto de ambas publicaciones se uso prueba de Chi 2 para variables categ�ricas y T test, regresi�n log�stica y análisis de variancia para variables continuas. Se consideraron factores maternos, perinatales, neonatales y demográficos como factores predictores para el uso profil�ctico de indometacina. Se utiliz� un modelo de regresi�n log�stica para evaluar los efectos del uso profil�ctico de indometacina y el periodo, la incidencia de ICH severa, DAP, ligadura de DAP y enterocolitis necrotizante. La muestra fue estratificada seg�n la edad gestacional en: a) ≤25 semanas, b) 26-27 semanas, y c) ≥28 semanas.


Resultados. Uso profil�ctico de indometacina:El análisis de regresi�n log�stica demostr� que el periodo, duración de gestación, y peso al nacimiento estuvieron relacionados en forma independientemente con el uso profil�ctico de indometacina.


El uso aument� del periodo 1 al 2, (OR: 50; IC95%: 38-63 p <0,0001). Luego del estudio TIPP su uso disminuyo levemente, periodo 2 al 3, (OR: 0,84; IC95%: 0,73-0,97 p <0,015).


El uso profil�ctico de indometacina se asoci� con una disminuci�n de la incidencia de DAP en cada uno de los grupos de edad gestacional evaluados (p <0,0001). Solo se encontr� una disminuci�n en la incidencia de correcci�n quir�rgica de DAP en neonatos < 26 semanas (OR: 0,68; IC95%: 0,51-0,90, p<0,01).


No se encontr� asociación con el uso profil�ctico de indometacina y la disminuci�n de HIC severa o de enterocolitis necrotizante.


Análisis del estudio TIPP. El objetivo del estudio TIPP fue evaluar el uso profil�ctico de indometacina pod�a mejorar la supervivencia con disminuci�n del compromiso neurosensorial en por lo menos el 20%.


En este trabajo los autores sostienen que: no deber�a esperarse una disminuci�n en la mortalidad, dado que ninguno de los 17 estudios controlados con indometacina profil�ctica previamente publicados hab�a mostrado esta asociación. En el estudio TIPP el uso profil�ctico de indometacina redujo la incidencia de HIC de 13% a 9%, sin embargo, cabe aclarar que la incidencia de HIC en el periodo previo fue baja. Por esto la mejor�a esperada deber�a haber sido de 1,6% a 0,8%.  


Comentarios y conclusiones. Era esperable pensar que las conclusiones favorables del estudio de Ment alentar�an el uso profil�ctico de indometacina, mientras que las del estudio TIPP lo desalentar�an. Los resultados del análisis realizado fueron consistentes con la hip�tesis planteada. El uso profil�ctico de indometacina aument� en forma significativa luego del estudio de Ment y disminuy� posterior a la publicación del estudio TIPP.


El uso profil�ctico de indometacina se asoci� a una disminuci�n significativa de la incidencia de DAP y de ligadura quir�rgica de DAP en menores de 26 semanas, no as� en la incidencia de HIC severa.
Paralelamente a la disminuci�n del uso profil�ctico de indometacina, posterior al estudio TIPP, se observ� un aumento de la incidencia de ligadura quir�rgica de DAP, con sus comorbilidades asociadas (neumot�rax, toracotom�a, par�lisis de cuerda vocal). 

El segundo objetivo de este trabajo fue investigar la metodolog�a que condujo a los resultados negativos del estudio TIPP. En este estudio se asumi� una mejor�a del 20% de mortalidad o disminuci�n de alteraciones neurol�gicas tras la introducción de indometacina profil�ctica. Seg�n los autores del presente trabajo, no hubiese sido esperable una disminuci�n en la mortalidad dado que ning�n estudio previo hab�a observado este efecto. Es esperable que una disminuci�n de la incidencia HIC severa se acompa�e de mejor�as en el desarrollo neurol�gico. Sin embargo en el estudio TIPP la incidencia de HIC severa fue baja para poder alcanzar una diferencia mayor al 20%.
Varios efectos beneficiosos previamente publicados del uso profil�ctico de indometacina han sido observados en el estudio TIPP (disminuci�n en la incidencia de cierre quir�rgico de DAP, HIC severa). Incluso, estos beneficios fueron alcanzados sin aumentar la morbilidad neonatal (enterocolitis necrotizante, perforación intestinal, enfermedad pulmonar crónica).


Los autores sugieren que al tomar una decisi�n respecto del uso profil�ctico de indometacina el m�dico debe considerar: 1. dos estudios controlados mostraron efectos beneficiosos de la indometacina preventiva sin aumentar la morbilidad; 2. las conclusiones negativas del estudio TIPP respecto del desarrollo neurol�gico pudieron ser consecuencia de un c�lculo anticipado excesivamente grande del efecto; 3. la disminuci�n del uso profil�ctico de indometacina se vio asociado a un aumento de la incidencia de cierre quir�rgico de DAP; y 4. trabajos previos sobre el desarrollo neurol�gico a largo plazo no muestran efectos nocivos del uso profil�ctico de indometacina. El uso profil�ctico de indometacina puede ser una elecci�n razonable en unidades de cuidados intensivos neonatales d�nde el DAP y la HIC severa son problemas frecuentes.

 

 


 

asociación ENTRE HIPERPLASIA SUPRERRENAL CONG�NITA Y MALFORMACIONES UROGENITALES. UN DESAF�O diagnóstico QUE PUEDE DISMINUIR O EVITAR MORBILIDAD EN UNA PATOLOG�A COMPLEJA.

Nabhan Z, Eugster E. asociación entre hiperplasia suprarrenal cong�nita y malformaciones urogenitales Un desaf�o diagnóstico que puede disminuir o evitar morbilidad en una patolog�a compleja. J Pediatr. 2007 January; 150(1): 46�50.e2


Introducción.- La hiperplasia suprarrenal cong�nita (HSC) es uno de los des�rdenes hereditarios m�s comunes, siendo el 95% de los casos atribuibles a la deficiencia de 21 hidroxilasa.

Los pacientes afectados tienen defectos en la bios�ntesis de cortisol que conduce a la producci�n excesiva de andr�genos suprarrenales. Como resultado, las ni�as con d�ficit cl�sico de 21 hidroxilasa presentan  al nacimiento genitales ambiguos y t�picamente muestran la proyecci�n de imagen genitourinaria como parte de la evaluación diagn�stica inicial. En cambio, los niños no tienen signos manifiestos de la enfermedad.


Las malformaciones de la zona urogenital baja que ocurren en la HSC como resultado de la virilización de los genitales externos femeninos incluyen clitoromegia, fusi�n posterior de labios, y seno urogenital.


Sin embargo, se encuentra escasa información en relación a la presencia de malformaciones de la zona urogenital alta en estos pacientes.


Objetivo. Determinar la incidencia, caracter�sticas, y significación clínica de las anomal�as urogenitales altas detectadas durante el estudio diagnóstico a trav�s de las im�genes en ni�as con HSC.


Hip�tesis. La frecuencia de las anomal�as urogenitales en ni�as con HSC es m�s alta que en la población en general.


M�todos. Se cont� con la aprobación del comit� evaluador institucional. Se evaluaron las historias clínicas de pacientes seguidos por HSC cl�sica en la clínica endocrinol�gica pediátrica del hospital de Riley entre 1985 y 2005. Tambi�n se incluyeron ni�as que tenían HSC y consultaron en ese centro para someterse a una genitoplastia feminizante. Se consider� criterio de elegibilidad que se hubieran realizado im�genes urogenitales.


Variables: Edad, sexo, tipo de HSC, grado de virilización, tipo de malformación urogenital, antecedentes de infecciones urinarias altas (IUA), incontinencia, empleo de profilaxis antibi�tica, historia de cirug�a urogenital, funci�n renal, y a�os de la historia clínica. Grado de virilización en ambos sexos :Escala de Prader basada en el examen f�sico inicial. 5 puntos en la cual 1 representa virilización m�nima y 5 representa genitales externos completamente masculinizados. Análisis estad�stico: Se utiliz� Microsoft Excel 2000 para la estadística descriptiva y SPSS 11.5 para otros análisis. Los datos se expresaron como media de SDs. La media fue utilizada para datos que presentaron dispersi�n extensa. El test de Students fue realizado para comparación entre los grupos.


Resultados. De 107 pacientes (41 niños y 66 ni�as)  candidatos potenciales para el estudio, se excluyeron 39 niños porque no tenían im�genes genitourinarias. Las 66 ni�as tenían una cistouretrograf�a miccional (CUGM) y ecograf�a p�lvica como parte de la evaluación diagn�stica inicial para genitales ambiguos, mientras que 2 niños tenían im�genes por sospecha de IUA en el per�odo neonatal. Ninguna de las anomal�as genitourinarias fueron detectadas en el per�odo prenatal. La edad media 8.4 +/- 5.5 a�os (rango 0.58 a 18.25 a�os). El 81% (55) con la forma cl�sica de deficiencia de 21 hidroxilasa perdedora de sal, 7 (el 10%) con la forma virilizante simple del d�ficit de 21 hydroxilasa, 2 (el 3%) con deficiencia de 11 hidroxilasa, y 4 (el 6%) tenían inicio tard�o de HSC. Todas las ni�as con examen genital inicial documentado (n 63) tenían virilización significativa de los genitales con grados 3 a 5 de la escala de Prader con excepci�n de tres que tenían grado 1. Las anomal�as genitourinarias estaban presentes en 14 (21.2%) ni�as. Todas menos una 1 tenían deficiencia de 21 hidroxilasa y 13 (el 81%) tenían la forma perdedora de sal. Las anomal�as urogenitales fueron diagnosticadas con una mediana de edad de 0.71 a�os (rango:0.16-5.9) durante el estudio rutinario para genitales ambiguos. Las anormalidades espec�ficas consistieron en doble sistema colector con hidronefrosis obstructiva en uno, hidronefrosis unilateral moderada en dos, hidronefrosis bilateral moderada a severa no obstructiva en dos, reflujo vesicoureteral unilateral (RVU) grado 1 a 3 en dos, y RVU bilateral grado 1 a 3 en siete. Los dos niños fueron diagnosticados inmediatamente despu�s del nacimiento con obstrucci�n de la uni�n ureterop�lvica en uno y el otro con ri��n malrotado a la izquierda con hidronefrosis en el otro ri��n. Nueve ni�as (el 65%) recibieron profilaxis antibi�tica, sin embargo 2 de ellas sufrieron múltiples infecciones urinarias que requirieron que requirieron internación y tratamiento antibiótico endovenoso a pesar de la profilaxis. Cuatro pacientes (3 ni�as y 1 ni�o) requirieron correcci�n quir�rgica de las anomal�as del tracto genitourinario. Una ni�a requiri� cirug�a por IUA recurrente, una por empeoramiento del reflujo grado 3, y una por doble sistema colector derecho e hidronefrosis. El ni�o requiri� cirug�a por obstrucci�n de la uni�n ureterop�lvica e hidronefrosis. Las cirug�as consistieron en reimplante ureteral bilateral (dos pacientes) y colocación stent ureteral doble J derecho (dos pacientes). De las 14 ni�as con anomal�as genitourinarias, 9 fueron seguidas en la instituci�n y 5 fueron referidas desde otros centros médicos. Los pacientes referidos eran similares respecto al tipo de HSC y a la naturaleza de las anomal�as genitourinarias. Los pacientes fueron seguidos por un ur�logo pedi�trico por un promedio de 5.9 a 5.2 a�os (rango: 0.6-14.0) con ecograf�as renales seriales, CUGM, o otras exploraciones. Tres pacientes presentaron resoluci�n del reflujo grado 2 o 3; uno present� mejor�a de la hidronefrosis; y en siete, las anomal�as urogenitales permanecieron estables. En una ni�a, el reflujo empeor� en un per�odo de 2 a�os de grado 1 a 3, por lo que fue sometida al reimplante ureteral bilateral. Ning�n paciente desarroll� incontinencia, insuficiencia renal, o hipertensi�n hasta el momento.


No se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre el tipo de HSC o el grado de virilización basado en la escala de Prader entre pacientes que tenían anomal�as urogenitales y los que no las presentaban.
Discusión. En el grupo evaluado, en las ni�as con HSC, la incidencia de anomal�as del tracto urogenital  superior fue del 21.2%, en contraste con el 2 a 4% estimado para la población general.

Alguna forma de intervenci�n quir�rgica fue requerida en el 21% de las ni�as con anomal�as y en uno de los niños. No pudieron determinarse secuelas adicionales de estas malformaciones, por ejemplo infecciones frecuentes, porque a 9 ni�as con anomal�as el ur�logo les hab�a indicado profilaxis antibi�tica. A pesar de los antibióticos, dos de las ni�as en profilaxis tenían IUA recurrentes que son una complicación reconocida del RVU y pueden dar lugar a da�o renal irreversible. Esto est� en contraste con el riesgo de IUA en las ni�as que tienen HSC y no presentan anomal�as del tracto urogenital superior, las cu�les no presentan m�s riesgo que la población general.


De este modo, la mayor morbilidad parece ser una consecuencia de las anomal�as del tracto urogenital superior en estos pacientes.


La información publicada previamente sobre las anomal�as del tracto genitourinario superior en HSC ha sido muy limitada.


Un estudio ocasional de todas las formas de HSC no pudo identificar anomal�as cong�nitas renales o urogenitales en ning�n paciente, en cambio, dos peque�as series identificaron malformaciones genitourinarias  en el 40 y 80% de los pacientes respectivamente. Estos estudios junto con los datos de los autores permiten establecer una incidencia aumentada de anomal�as del tracto urogenital en pacientes con HSC comparados con la población general.

La causa exacta de este fen�meno es desconocida. Una explicación es que podr�a ser el resultado del nivel anormalmente alto de andr�genos en el �tero. Otra, las variaciones gen�ticas en cuanto a sensibilidad y bios�ntesis de andr�genos, que ocurran anormalidades bioqu�micas dentro la gl�ndula suprarrenal como resultado de deficiencias enzim�ticas y puedan afectar el desarrollo del brote ur�ter desde el conducto Wolff.


En ni�as con HSC la ecograf�a p�lvica y el genitograma se incluyen en la evaluación b�sica inicial pacientes con genitales ambiguos.

Una debilidad de este estudio es que las im�genes no estaban disponibles para los niños. Se sugieren estudios prospectivos en ambos g�neros, as� como investigación adicional in vitro e in vivo enfocada a la relación entre el desarrollo genitourinario y el hiperandrogenismo


Conclusiones. La incidencia de las anomal�as del tracto urogenital superior de las ni�as con HSC es diez veces m�s alta que en la población general y las secuelas clínicas potencialmente serias.

Aunque la fisiopatolog�a subyacente de esta observación a�n no es del todo clara, estos resultados proporcionan información valiosa para el asesoramiento genético y para los pediatras que est�n implicados en el cuidado de niños con HSC.
 


 

LAS ALTERACIONES EN EL SUE�O DEL NI�O Y SU INFLUENCIA EN EL DETERIORO DE LA SALUD MENTAL MATERNA POSTPARTO. UN PROBLEMA FRECUENTE

Hiscock MW, Bayer J, Gold L, Hampton A, Ukoumunne O. Las alteraciones en el sue�o del ni�o y su influencia en el deterioro de la salud mental materna postparto. Un problema frecuente. Arch Dis Child. 2006 Dec 7


Introducción. La depresi�n materna produce un impacto negativo en su calidad de vida, en la relación madre-hijo y en el desarrollo del ni�o. Pese a una prevalencia de depresi�n postparto del 15%, muchas veces no se realiza diagnóstico o se rechaza el tratamiento. Los problemas en el sue�o del ni�o se asocian con alteración de la salud materna.

Intervenci�n: Las enfermeras concurrieron a dos sesiones conducidas por un pediatra y un psic�logo infantil, que inclu�an entrenamiento did�ctico, información escrita, role-playing y resoluci�n de situaciones comunes.

En la primera consulta (control de salud a los 8 meses de edad) las enfermeras identificaron el  problema del sue�o y sus posibles soluciones, y realizaron un plan individualizado de manejo  con la madre. Se discuti� mediante folletos los patrones normales del sue�o a los 6-12 meses de edad y las posibles asociaciones para su alteración, y tambi�n sobre manejo de la alimentación nocturna y del chupete.

Se ofreci� a las madres la opci�n de elegir entre dos intervenciones educativas: 1) control del llanto, haciendo que los padres respondan al mismo cada vez a mayores intervalos de tiempo, para permitir que el ni�o se duerma solo o 2) �camping out�, es decir, quedarse con el ni�o  hasta que se duerma, quitando gradualmente la presencia parental en tres semanas.

Las madres tomaron registro diario del sue�o del ni�o hasta la cita de seguimiento a las dos semanas, para facilitar el reconocimiento de los patrones y de las mejoras en el sue�o.

Medidas: Las madres completaron cuestionarios a los 4 meses (datos  sociodemográficos), 7 meses (para establecer problemas del sue�o), y a los 10 y 12 meses (para medir resultados). El resultado primario fue el informe materno sobre el sue�o infantil como indicador de  frecuencia y duración de los despertares nocturnos. Como resultado secundario se consider� el bienestar materno, evaluado mediante la Escala de Depresi�n Postnatal de Edimburgo (EPDS)  (punto de corte para depresi�n >9) y el SF-12 para salud f�sica y mental cuyos valores m�s altos indicaban mejor estado de salud. Otras medidas de resultado fueron calidad y cantidad del sue�o materno (dicotomizados en bueno/malo y suficiente/insuficiente) y evaluación materna del car�cter del ni�o mediante la escala global de temperamento infantil (puntajes m�s altos indican beb�s m�s dif�ciles). Las madres tambi�n evaluaron la intervenci�n de la enfermera mediante una escala para indicar satisfacci�n y utilidad de la información. Detallaron  frecuencia de uso de las estrategias, el apoyo de sus parejas en su uso, si habían recibido otro tipo de ayuda y de donde proven�a. En el cuestionario a los 12 meses, las madres consideraron las estrategias de su enfermera como �provechosas� o �in�tiles�.

Costos: A los 10 y 12 meses, las madres informaron sobre n�mero de visitas al centro de salud para asesoramiento, pautas dadas por otros profesionales y ayuda no profesional. Las enfermeras informaron sobre n�mero y duración de las visitas de las madres del grupo intervenci�n. El costo de los materiales para la intervenci�n y para el programa de entrenamiento de enfermeras fue calculado del presupuesto de la investigación.

Muestra: Para una diferencia del 20% en el resultado primario (70% en el grupo control y 50% en el grupo intervenci�n) un estudio randomizado requerir�a 103 lactantes en cada grupo para tener un poder del 80% con un 5% de significancia. El tama�o muestral se vio aumentado por un efecto de dise�o a 124 lactantes por grupo de estudio para permitir la correlación de respuestas dentro del mismo grupo.

Análisis: Se compararon resultados y costos entre el grupo intervenci�n y el control a los 10 y 12 meses. Se determin� si el impacto de la intervenci�n sobre los problemas del sue�o infantil y el resultado cuantitativo de la EPDS era mayor entre madres con alto nivel de depresi�n (EPDS >9) que en aquellas con puntajes bajos. Los resultados cuantitativos y los costos fueron analizados usando regresi�n lineal, y los resultados dicot�micos usando regresi�n log�stica.

Resultados.
De las 695 madres (68%) que concurrieron al control de los 7 meses, para una muestra inicial de 1025 mujeres, 328 refirieron problemas del sue�o en su hijo y participaron en el estudio. Tanto el grupo intervenci�n (n=174) como el control (n=154) tenían caracter�sticas maternas, sociodemogr�ficas, del lactante y del sue�o similares. El 84% de las madres reportaron sue�o insuficiente, el 55% por mala calidad del mismo.

Sue�o infantil: A los 10 meses, el 56% de las madres del grupo intervenci�n y el 68% del control revelaron problemas de sue�o infantil; a los 12 meses, el 39% contra el 55%. La probabilidad de manifestar problemas de sue�o en el grupo intervenci�n fue un 42% m�s bajo a los 10 meses y un 50% m�s bajo a los 12 meses en comparación con el grupo control.

Bienestar materno: a los 10 meses 28% de las madres intervenidas y 35% del control tuvieron un EPDS >9, indicando depresi�n clinicamente significativa; a los 12 meses fue del 25% contra el 28%. Las madres intervenidas tenían en promedio valores menores en el EPDS  y mayores en el SF-12 que el control a los 10 meses y 12 meses. La salud f�sica fue inesperadamente m�s pobre en el grupo intervenci�n a los 12 meses. La falta de intervenci�n sobre las madres del grupo control revel� pobre calidad y cantidad del sue�o a los 10 y a los 12 meses. El efecto de la intervenci�n sobre la depresi�n materna a los 10 meses fue mayor para las madres con valor inicial de EPDS > 9.

Utilidad de las estrategias del sue�o: Las madres del grupo intervenci�n estuvieron en su mayoría satisfechas con las estrategias utilizadas, encontr�ndolas �tiles. El 56% las us� frecuentemente; solo el 7% no las utiliz�. El 80% cont� con su pareja para aplicarlas.

Costos: Los costos promedio en salud para el grupo intervenci�n con respecto al control fueron �96.93 contra �116.79 respectivamente, con una diferencia media de �19.44. En el grupo intervenci�n 100 madres visitaron a su enfermera (promedio 1.52 visitas), y en el grupo control 30 madres (promedio 1.32 visitas); con un promedio de visitas de 0.9 y 0.3 respectivamente. La duración promedio fue de 25 minutos para la primera, y 19 minutos para las siguientes. El grupo control present� mayor probabilidad de solicitar ayuda de profesionales para resolver el sue�o del ni�o (33% vs.18%).

Discusión
Una breve intervenci�n redujo los problemas infantiles del sue�o, mejor� la salud mental materna, y disminuy� la necesidad de ayuda profesional paga a los dos y cuatro meses de la intervenci�n, en una amplia población y con un menor costo para el sistema de salud.

 La prevalencia de los problemas del sue�o fue similar a la reportada en un estudio anterior de los autores, pero mayor que el divulgado por las madres de lactantes de 7 a 9 meses en otro estudio australiano, sugiriendo que los problemas tempranos del sue�o aumentaron la probabilidad de incorporarse a este estudio.

Las madres que manifiestan problemas del sue�o en sus niños tienen beb�s con despertares m�s largos y frecuentes en la noche, y presentan salud mental m�s pobre. Adem�s presentan reportes m�s exactos de los patrones de sue�o de su ni�o que los padres que no sufren este problema. Dado que las enfermeras y las madres del grupo intervenci�n  estaban en contacto, los informes maternos pudieron verse influenciados positivamente por esta situación particular.

El estudio demostr� una reducci�n de los problemas del sue�o infantil similar a la de otros estudios de intervenci�n. A los 12 meses, los valores promedio de salud mental del SF-12 obtenidos en las madres intervenidas y del control fueron 50 y 46 respectivamente. En un estudio previo, los adultos con valores de 40-49 vs. ≥50 en el SF-12 tenían una probabilidad 4 veces mayor de padecer un desorden mental, y 2 veces mayor de deterioro funcional progresivo. Por lo tanto, los resultados del SF-12 obtenidos en este estudio sugieren un impacto importante en la inestabilidad de la salud mental materna. La mejor�a en la calidad y cantidad del sue�o materno a los 12 meses pudo haber reducido otros problemas asociados a la privación del sue�o en la madre y en el comportamiento a largo plazo del ni�o.

Si esta intervenci�n reduce el uso de los servicios médicos profesionales, puede reducir tambi�n los costos de las madres que vivan cerca del centro de atenci�n primaria. Aunque los costos para el grupo intervenci�n fueron menores con respecto al control, los mismos podr�an ser mayores que los calculados, considerando gastos adicionales. Igualmente, los costos de la intervenci�n podr�an ser m�s bajos al disminuir la cantidad de material utilizado si el programa fuera aplicado durante mayor periodo de tiempo.

En conclusi�n, para los autores, esta breve intervenci�n fue eficaz, factible, y aceptada por los padres y los profesionales dedicados a la atenci�n primaria. Los efectos fueron constantes en un cierto plazo, y a un costo m�s bajo para el sistema de salud. El desaf�o actual ser�a aplicar esta intervenci�n a una mayor población en forma sostenida.

Comentario: Los problemas de sue�o en el lactante alteran a corto y largo plazo la calidad de vida del ni�o y de su familia, perpetuando en la madre la depresi�n postparto. Intervenciones sencillas y de bajo costo como la capacitación de personal m�dico y de enfermer�a para brindar consejo a los padres sobre esta situación, colaboran para mejorar la relación madre-hijo y la salud f�sica y mental de las madres.
 

 


 

EVOLUCI�N NATURAL DE LA ESCLEROSIS M�LTIPLE CON INICIO EN LA INFANCIA

Renoux, C., Vukusic S, Mikaeloff Y, Edan G Evoluci�n natural de la esclerosis m�ltiple con inicio en la infancia Seguimiento a largo plazo de grupos con distinta edad de comienzo. Estudio multicentrico EJM, Volume 356 (25) :2603-2613


Antecedentes La evoluci�n clínica y el pron�stico de la esclerosis m�ltiple cuyo inicio se produce durante la infancia no se ha descrito en detalle.

M�todos .
Empleamos datos procedentes de 13 servicios de neurolog�a para adultos asociados con la red de bases de datos europea para la esclerosis m�ltiple (EDMUS) para identificar una cohorte de 394 pacientes que padec�an una esclerosis m�ltiple que se hab�a iniciado a los 16 a�os de edad o antes y a un grupo de comparación formado por 1775 pacientes cuya esclerosis m�ltiple hab�a empezado cumplidos los 16 a�os.

Determinamos el cuadro cl�nico inicial, las fechas de inicio de la enfermedad y la aparici�n de criterios de valoración tales como recidivas, conversi�n a progresi�n secundaria y discapacidad irreversible medida mediante puntuaciones de 4 (capacidad limitada para caminar pero puede caminar m�s de 500 m sin ayuda ni reposo), 6 (capacidad para caminar con apoyo unilateral un m�ximo de 100 m sin reposo) y 7 (capacidad para caminar no m�s de 10 m sin reposo utilizando una pared o el mobiliario como apoyo) en la escala de discapacidad de Kurtzke (intervalo: 0 a 10; las puntuaciones m�s altas son indicativas de una discapacidad m�s grave).

Resultados .
Para los pacientes con esclerosis m�ltiple de inicio en la infancia, la mediana estimada del tiempo transcurrido desde el inicio hasta la progresi�n secundaria fue de 28 a�os, y la mediana de la edad en el momento de la conversi�n a progresi�n secundaria fue de 41 a�os.

La mediana de los periodos transcurridos entre el inicio y puntuaciones para la discapacidad de 4, 6 y 7 fueron de 20,0, 28,9 y 37,0 a�os, respectivamente, y las edades medianas correspondientes fueron 34,6, 42,2 y 50,5 a�os.

En comparación con los pacientes cuya enfermedad se inici� en la edad adulta, los que presentaron un inicio infantil tenían m�s posibilidades de ser mujeres que varones (proporci�n mujeres:varones: 2,8 frente a 1,8), tenían m�s probabilidades de haber presentado un curso inicial de empeoramientos y remisiones (el 98% frente al 84%), tardaron aproximadamente 10 a�os m�s en alcanzar la progresi�n secundaria y la discapacidad irreversible y llegaron a dichos hitos con aproximadamente 10 a�os menos (p<0,001 para todas las comparaciones).

Conclusiones .
Los pacientes con esclerosis m�ltiple de inicio en la infancia tardan m�s en llegar a estados de discapacidad irreversible pero llegan a tales estados siendo m�s jóvenes que los pacientes cuya esclerosis m�ltiple se inicia en la edad adulta.

 


 

ESTATINAS Y MECANISMOS DE PROTECCION CEREBRAL

H. Tapia-Pérez, M. Sánchez-Aguilar, J. Torres-Corzo, I. Rodr�guez-Leyva, L.B. Herrera-Gonz�lez ESTATINAS Y MECANISMOS DE PROTECCION CEREBRAL [REV NEUROL 2007;45:359-364] PMID: 17899518


Introducción. Los inhibidores de la 3-hidroxi-3-metilglutaril coenzima A reductasa (HMG-CoA) o estatinas son medicamentos utilizados en el tratamiento de las dislipidemias. En los estudios cl�nicos realizados para evaluar su eficacia y seguridad se observ� una menor incidencia de eventos isqu�micos cerebrales y otros estudios han demostrado un mejor resultado funcional posterior a isquemia y hemorragia subaracnoidea.

Desarrollo. En los �ltimos a�os se han descrito nuevas acciones de las estatinas (pleiotr�picas), las cuales podr�an originar un efecto neuroprotector, como la suprarregulación de la sintasa de �xido n�trico en su isoforma endotelial, la creación de un perfil fibrinol�tico por desestabilización de trombos intravasculares, la inmunomodulación por la regulación de citocinas y mol�culas de adhesi�n, la antioxidación por reducci�n de la peroxidación l�pidica, la inducci�n de neuroplasticidad por aumento de factores neurotr�ficos y la protecci�n de neuroexcitotoxicidad, probablemente mediadas por modulación del ingreso de calcio intracelular o disminuci�n de los esteroles intracelulares. Todo lo anterior podr�a explicarse por la disminuci�n en la formación de isoprenoides.

Conclusi�n. Las propiedades pleiotr�picas de las estatinas abren la posibilidad de considerarlas como posibles neuroprotectores a evaluar en patolog�as que impliquen las v�as que interfieren, como en el traumatismo craneal y la enfermedad vascular cerebral.



 

IMAGINación: DEFINICI�N, UTILIDAD Y NEUROBIOLOG�A

Sánchez-Andr�s JV. Imaginación: definici�n, utilidad y neurobiolog�a [REV NEUROL 2007;45:321-322] PMID: 17899510 - Editorial �


La imaginación, a diferencia de la generación de im�genes y la memoria, es una fascinante capacidad cognitiva del ser humano que no est� bien estudiada. Definimos la imaginación como �el proceso cognitivo que permite al individuo manipular información generada intr�nsecamente con el fin de crear una representación que se percibe a trav�s de los sentidos de la mente�. Esta definici�n se ampl�a dentro del contexto de la neurobiolog�a del cerebro y el posible prop�sito que la imaginación satisface en la vida diaria, en el desarrollo humano y en el comportamiento normal.
 

 


 

ATENCI�N PRECOZ DE LOS TRASTORNOS DEL NEURODESARROLLO. A FAVOR DE LA INTERVENCI�N PRECOZ DE LOS TRASTORNOS DEL NEURODESARROLLO

Artigas-Pallar�z J. Atenci�n precoz de los trastornos del neurodesarrollo. A favor de la intervenci�n precoz de los trastornos del neurodesarrollo [REV NEUROL 2007;44:S31-S34] PMID: 17523107


Introducción. El modelo de intervenci�n precoz implantado en nuestro país viene definido y desarrollado en el Libro Blanco de Atenci�n Temprana. Dicho modelo hace referencia al conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0-6 a�os con problemas del neurodesarrollo.

Objetivo y desarrollo. El objetivo de esta revisi�n es explicar las bases biol�gicas sobre las que se sustentan los argumentos te�ricos a favor de la intervenci�n, y analizar las distintas t�cnicas que se aplican con el fin de optimizar el desarrollo de los niños afectados de distintos tipos de discapacidad.

Conclusiones. Si bien existen fuertes argumentos te�ricos a favor de la intervenci�n temprana, no es posible llegar a conclusiones s�lidas sobre su eficacia, dada la dispersi�n de t�cnicas de intervenci�n, la falta de homogeneidad de los tratamientos y la diversidad de problemas que se engloban bajo el concepto de trastornos del neurodesarrollo.
 

 


 

DIN�MICA FAMILIAR Y OTROS FACTORES ASOCIADOS AL RETARDO EN EL CRECIMIENTO EN Niños DE 12 A 24 MESES QUE ACUDEN A UNA UNIDAD DE ATENCI�N PRIMARIA

Gonz�lez-Rico JL, V�squez-Garibay EM, Sánchez-Talamantes E, N�poles-Rodr�guez F. Din�mica familiar y otros factores asociados al retardo en el crecimiento en niños de 12 a 24 meses que acuden a una unidad de atenci�n primaria. Bol Med Hosp Infant Mex 2007; 64 (3): 143-152


Introducción. Objetivo: identificar la asociación entre din�mica familiar y factores socioeconómicos y demográficos con d�ficit antropom�trico en niños de 12 a 24 meses de edad en una Unidad de Medicina Familiar del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) del �rea metropolitana de Guadalajara.

Material y m�todos.  Estudio transversal anal�tico. Se incluyeron 300 niños de 12 a 24 meses de edad de uno u otro sexo, de familias nucleares y peso normal al nacer. Variables independientes: din�mica familiar (APGAR familiar) y factores socioeconómicos y demográficos. Variables dependientes: indicadores antropom�tricos peso para la edad, talla para la edad y peso para la talla (< -1 y < -2 puntuación Z). Se utiliz� la raz�n de momios (RM) para identificar el significado epidemiol�gico de las variables independientes. Resultados. Menor peso al nacer fue un factor de riesgo de d�ficit en los �ndices peso/edad (< -2 Z) [RM =3.14 (1.29, 7.58), P =0.004] y longitud/edad (< -1 Z) [RM =2.66 (1.36, 5.21), P =0.001]. El nacimiento en unidades del IMSS fue un factor de protecci�n de d�ficit longitud/edad (< -1 Z) [RM =0.39 (0.22, 0.70), P =0.001]. La menor puntuación en el APGAR familiar fue un factor de riesgo de d�ficit longitud/edad (< -2 Z) [RM =14.2 (2.7, 74.9), P =0.002].

Conclusi�n. Es importante identificar si los factores de riesgo observados y la disfunci�n familiar asociados al d�ficit antropom�trico en niños de 12 a 24 meses de edad ocurren en otras unidades m�dico familiares del IMSS del estado y el país.

 

 


 

LA IMPORTANCIA DEL DISE�O EXPERIMENTAL EN LA INTERACCI�N BIOL�GICA, SOCIAL Y FAMILIAR

Jasso-Guti�rrez L, Bol Med Hosp Infant Mex 2007; 64 (3): 137-138


A prop�sito del trabajo publicado en este n�mero por Gonz�lez-Rico y col.,1 resulta de interés utilizarlo como un ejemplo de la forma en que se puede construir un protocolo de investigación, en el que se incorporen y se consideren las variables

dependientes e independientes en las que existen mayores dificultades para su control, como son las sociales, las de la familia y sus posibles participaciones sobre el ser humano.

El trabajo es el producto de un grupo de investigación en el que Vázquez-Garibay ha sido un impulsor relevante sobre diferentes aspectos relacionados con la desnutrici�n de los niños y, m�s recientemente, sobre la obesidad de los mismos, lo cual se avala por varias de las citas bibliogr�ficas del estudio en comento y otras no consignadas en el mismo.

Dentro de los aspectos a destacar en el dise�o, se encuentran la adecuada utilización de herramientas probadas y validadas que permiten darle solidez a los resultados como son la utilización del APGAR familiar modificado, as� como el resto de las distintas variables independientes o intervinientes, de �ndole socio m�dica y econ�mica.

El c�lculo de la muestra y el sistema de muestreo se apegan a los requisitos que corresponden a un muestreo por conveniencia, y la metodolog�a utilizada para la obtenci�n de los indicadores antropom�tricos fueron los adecuados, as� como la interpretación de estos �ltimos.

Con base en lo anterior se puede inferir que los resultados mostrados tienen un buen sustento, independientemente que no puedan hacerse extensivos a otros universos de estudio, pero que s� permiten, al menos para esa población, obtener resultados relevantes, que como los mismos autores se�alan algunos no habían sido estudiados. Tal es el caso de la asociación entre disfunci�n de la din�mica familiar y el estado nutricio de niños aparentemente sanos de 12 a 24 meses de edad, lo que se demostr� como un factor importante de riesgo con una raz�n de momios de 14.2, asociado a d�ficit en el indicador talla para la edad, �el cual denota un retardo en el crecimiento lineal, o bien desnutrici�n crónica o desmedro en niños sin enfermedad subyacente agregada� (SIC).

Considero que el trabajo arroja tambi�n otros resultados que aunque conocidos, le permiten al lector tener una mayor visi�n sobre aspectos relacionados con la lactancia materna, la ablactación, la poluci�n ambiental y sus posibles asociaciones con el porcentaje elevado de diarreas y de cuadros respiratorios. Aunque estos �ltimos puedan estar asociados con la poluci�n, tambi�n es cierto que no necesariamente son una relación causa efecto.

En los �ltimos a�os, cada vez adquiere mayor importancia los niveles de evidencia que se utilizan en los trabajos de investigación y aunque en el presente no se encuentran los m�s altos, tambi�n es cierto la dificultad que encierra obtenerlos cuando participan variables biol�gicas, sociales, econ�micas y familiares.
 

 


 

diagnóstico DE MENINGITIS MENINGOC�CICA EN BRASIL CON T�CNICAS DE PECR.

LUCIANA G. Diagnosis of meningococcal meningitis in Brazil by use of PCR. Scandinavian Journal of Infectious Diseases, 2007; 39: 28_32



Las meningitis bacterianas agudas son enfermedades graves con altas tasas de mortalidad y de secuelas severas permanentes. El reconocimiento r�pido de la enfermedad es fundamental para un tratamiento exitoso. La terapia con antibióticos ha sido la estrategia de mayor impacto para prevenirla, sin embargo complica el uso de cultivos celulares para el diagnóstico. La implementación de t�cnicas de diagnóstico moleculares puede permitir la confirmación de la mayoría de los or�genes etiológicos de las meningitis bacterianas y serogrupos de N. meningitidis.

En un trabajo publicado en Scandinavian Journal of Infectious Diseases, se evalu� la información provista por t�cnicas de PCR para la detecci�n de N. meningitidis.Se realiz� un estudio prospectivo durante los a�os 2004 y 2005 en R�o de Janeiro La erupción petequial y la fiebre fueron fuertemente asociadas con la enfermedad meningoc�cica. Se indica una terapia temprana de antibióticos por lo que consecuentemente se espera una reducci�n de los casos confirmados por cultivo. Los autores evaluaron un ensayo de PCR m�ltiple para identificar Neisseria meningitidis, Streptococcus pneumoniae y Haemophilus influenzae en muestras biol�gicas de casos no confirmados por cultivo, con erupción petequial en la presentación. Para detectar el ADN en el fluido cerebroespinal o en sangre se realiz� un estudio de PCR. De un total de setenta l�quidos cefalorraqu�deos (LCR) y 3 muestras de sangre el 96% dio PCR positiva por la presencia de DNA de N. meningitidis. Otro ensayo de PCR predijo en el 82% de esas muestras serogroupos A, B, C, X, Y, 29E o W 135 de N. meningitidis. Se encontr� que la PCR es un adicional valioso para la detecci�n de etiolog�as meningoc�cicas.


 


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